CRISTINA VILANOVA


MUJER DESTRAS DEL TRONO. SALVADOREÑA. Esposa de Jacobo Arbenz.
María Cristina Vilanova Castro (San Salvador, 17 de abril de 1915 – San José, 5 de enero de 2009) fue la primera dama de Guatemala durante los periodos (1944-1945) y (1951-1954), fue esposa del presidente guatemalteco coronel Jacobo Árbenz Guzmán.1​
Nacida en San Salvador en 1915, hija de padres de clase alta y de ascendencia alemana, se educó en instituciones europeas.2​ En un viaje familiar a Guatemala conoció a Árbenz, que entonces era un joven cadete de la Escuela Politécnica. Ambos tenían una esmerada educación e ideales similares y congeniaron rápidamente; a los pocos años se casaron, a pesar de que él era protestante y ella católica.1​
Vilanova fue la primera esposa de un presidente guatemalteco que lo acompañaba en todos los eventos públicos,a​ así como la primera en desarrollar programas sociales en Guatemala.3​4​5​6​7​8​Ha sido comparada con Eva Perón como una de las primeras feministas en las altas esferas de un gobierno latinoamericano.9​10​Al igual que su esposo, fue acusada de comunista11​ y de influir con sus ideologías a Jacobo Árbenz, tras partir con su familia a un largo y penoso exilio luego del golpe de estado de 1954.12​
Al morir su esposo en México en 1971, viajó a Costa Rica con su familia donde finalmente murió en 2009.

Jacobo Arbenz y María Vilanova.
Fue en 1938 cuando conoció a María Cristina Vilanova, una mujer perteneciente a la alta sociedad de El Salvador. Un año más tarde, teniendo él 26 y ella 24 años de edad, contrajeron matrimonio, con la oposición de los padres de la novia, pues estos pensaban que el joven oficial no le podría dar la misma calidad de vida que otros pretendientes.6​ El matrimonio tuvo tres hijos, Arabella, Leonora y Jacobo. En 1943 Árbenz ascendió al grado de capitán y comandó la Compañía de Caballeros Cadetes. Era entonces un oficial distinguido y le describían como un líder nato.8​
Árbenz actuó como triunviro de la Junta de Gobierno, después fue ministro de la Defensa durante el gobierno de Juan José Arévalo y, finalmente, fue presidente de Guatemala de 1951 a 1954.
Vilanova describe así su noviazgo con el militar guatemalteco:
A veces yo le preguntaba «¿Te gusta Beethoven?» Se producía un silencio. Después contestaba, muy serio: «Nunca lo he escuchado». Yo le preguntaba: «¿Te gustó este libro?» Otro silencio. Y después contestaba muy serio: «Nunca lo he leído», y yo me desesperaba y me preguntaba: «¿Por qué me estoy enamorando de este hombre tan diferente a mí, con el que tengo tan pocas cosas en común?» Pero una vez le pregunté: «¿Qué te gustaría hacer en tu vida?» Y él contestó, muy serio: «Ser un reformador», y entonces pensé «Sí, tenemos algo muy importante en común».
«¿A quién se le puede ocurrir ver que una pareja aparentemente enamorados esté enfocando su relación con temas científicos e históricos?». —María Vilanova
Mi esposo, el presidente Árbenz
El 14 de marzo de 1939, se casaron en la capilla del Sagrario de la Catedral Metropolitana; él iba ataviado con su uniforme de gala y ella con un traje muy sencillo y un sombrero blanco.16​ El militar, hijo de padre protestante y madre católica, hizo su primera comunión antes de la boda.16​ El matrimonio tuvo tres hijos, Arabella, Leonora y Jacobo. En 1943, Árbenz fue ascendido al grado de capitán y comandó la Compañía de Caballeros Cadetes, quienes lo describirían luego como un líder nato.16​
Ya casados, con el poco sueldo que devengaba el coronel Árbenz, este alquila una «incómoda» casa, por 25 dólares; a la que María Vilanova la describe como la «Casa de las Moscas», ya que la proximidad de la casa al vertedero de una cervecería, atraía a ese insecto. Este evento haría que María Vilanova —según relata— aprendiera a resolver cualquier tipo de situaciones adversas.17​ En este periodo, la familia Árbenz-Vilanova, comenzó a sufrir de crisis económica, causando que Vilanova comenzara a vender en el Mercado de la Ciudad de Guatemala, pero al principio –ella relata que– no dejaban ganancia; luego Vilanova comenzó a vender cebollas, que según ella −que peleaba a diario y las sacaba a asolear porque al podrirse una, se podrían las demás−; al final, según su autobiografía; las tuvo que vender a un precio muy bajo. Vilanova relata que, a ella no le importaba realizar estos trabajos, aunque sabía que Árbenz sufría por ello.19​ Meses más tarde, en el Salvador nació Arabella Irene, tras su nacimiento, se le notificó telefónicamente a Jacobo Árbenz, del nacimiento de su primogénita, a quién le puso el nombre de su hermana fallecida. Debido a los escasos recursos de la familia Árbenz-Vilanova, María regresó a Guatemala por medio de transporte público. En abril de 1942, nació María Leonora; con el nacimiento de su segunda hija, los Árbenz Vilanova se vieron en la necesidad de una casa más amplia que estuviera ubicada en un barrio más «salubre».20​
En los primeros días de octubre de 1944, Vilanova se encontraba en El Salvador, pintando para ganar dinero y contribuir al sustento del hogar. El 4 de octubre, Árbenz, su esposo; le envió una carta, en dónde le indicaba que lo próximo que haría la dejaría profundamente impresionada. El 20 de octubre, María Vilanova se enteró de que un triunvirato había tomado el poder en Guatemala, al poco tiempo se enteró de que los integrantes eran: el capitán Jacobo Árbenz Guzmán, el ciudadano Jorge Toriello Garrido y el mayor Francisco Javier Arana. Este hecho impresionó profundamente a la familia de María Vilanova. El 26 de octubre, Vilanova llegó a Guatemala, dónde encontró una manifestación masiva que apoyaba al triunvirato, este hecho fue importante para la vida política del capitán Árbenz.21​3​ El triunvirato legisló por medio de decretos gubernativos tendientes a conseguir la modernización del Estado guatemalteco. Una de sus primeras medidas fue la convocatoria de una asamblea constituyente por medio de elecciones libres21​ Por su parte, las esposas de los triunviros estuvieron activas en cuestiones oficiales, marcando la primera vez que algo así ocurría en Guatemala. Entre otras cosas, visitaron a los heridos del levantamiento de octubre de 1944 y en noviembre de 1944, Vilanova, junto con Jorge Toriello y su esposa, visitaron a la primera dama estadounidense Eleanor Roosevelt como parte de una misión diplomática,14​ también por iniciativa de las tres primeras damas, lideradas por Vilanova, la junta revolucionaria le concedió el voto a las mujeres en noviembre de 1944. También promovió trabajo social con niños y ancianos, fundando asilos, orfanatos y hospitales, siguiendo con el trabajo de Elisa de Arévalo, quien era conocida como la «Eleanor Roosevelt» de Guatemala.
Vilanova menciona que durante el gobierno del Dr. Arévalo, que sus intereses personales no se concretaron en destacarse en la sociedad guatemalteca, y que por su posición social no era tímida. Por ello comenzó a tener diálogos con dirigentes, hombres y mujeres prominentes que compartieran los mismos ideales; según ella, las mujeres guatemaltecas habían hecho muy pocos cambios culturales y sociales. En ese tiempo existía un grupo social feminista que empezaba a impulsar a la mujer en política.
—María Vilanova. Mi esposo, el presidente Árbenz
MINISTRO DE DEFENZA.
Árbenz fue nombrado Ministro de la Defensa durante el gobierno de Arévalo y consolidó su liderazgo en el ejército tras tomar el control de la situación tras el asesinato del coronel Francisco Javier Arana en 1949, luego de que Arévalo y él mismo intentaran enviar al coronel Arana al exilio a Cuba por haber presentado un ultimátum al presidente Arévalo exigiéndole que cambiara su gabinete.22​ Según María Vilanova, cuando ella y su familia vivían aún en Villa Sofía, escucharon rumores de un golpe de estado que derrocaría a Juan José Arévalo, liderado por Francisco Javier Arana —Jefe de las Fuerzas Armadas—; situación que abrumó profundamente a Jacobo Árbenz, que era leal al presidente Arévalo. Según el libro autobiográfico Mi esposo, el presidente Árbenz, durante los primeros días de julio de 1949, Francisco Javier Arana llegó a la casa de Jacobo Árbenz, y fue atendido por María Vilanova; Arana indicó que necesitaba hablar con Árbenz, Vilanova le respondió a Arana que Árbenz no se encontraba, entonces el mayor pidió hablar con ella. Entonces, Vilanova entabló conversación con Arana. María Vilanova describe que, el mayor Arana era muy amable y educado, y siempre se llevaron «superficialmente» bien, pero que Arana era muy «ambicioso». El mayor le regaló una polverita de porcelana, que este había traído de un viaje. Vilanova agradeció el presente; y el mayor dijo que iba a retirar. Vilanova afirma en sus memorias, que ella comenzó a cuestionar a Arana sobre la situación tensa existente en Guatemala, y que si él sabía de que habría un futuro golpe militar que derrocaría a Arévalo; el mayor le repuso que era cierto y que sospechaban que Arévalo era comunista. Vilanova contestó «Pero, mi coronel, si usted conoce quiénes son esos descontentos, usted tiene facultad para desactivarlos», a lo que Arana respondió «María, yo puedo decirle una cosa: si no los acompaño en el movimiento, van a hacerlo sin mí y pasarían sobre mi cadáver»; dicho esto, Arana se marchó de la casa, y María Vilanova le comunicó por teléfono a Jacobo Árbenz de que se había enterado del futuro golpe de estado.23​ En la tensión del inminente golpe de estado, Árbenz le ordenó a María Vilanova; que ella y sus hijos se fueran de su casa en Villa Sofía a la casa de una amiga, pues habían sufrido amenazas. El 18 de julio de 1949, sonó el teléfono en la casa de la amiga de Vilanova, y le informaron a María que Arana había muerto. Vilanova se preocupó mucho y decidió regresar a su casa en Villa Sofía; según ella fue muy cautelosa para que los militares no llegaran a verla. Los días siguientes, Árbenz detuvo 36 intentos de golpe de estado, según Vilanova de Árbenz; la guardia de Honor llamó a Jacobo Árbenz y le dijo: «El gobierno de Arévalo debe rendirse, de lo contrario llegaremos a atacar el palacio con tanques», Árbenz con una voz desmesurada respondió «Véngase, aquí lo esperamos».
Convertido en el candidato oficial, Árbenz llegó al poder después de ganar las elecciones presidenciales de 1950.22​ El coronel fue apoyado por los partidos Renovación Nacional y Acción Revolucionaria de la Ciudad de Guatemala y por el partido Integración Nacional de su natal Quetzaltenango; asimismo, recibió el apoyo de los sindicatos y agrupaciones de campesinos, maestros y estudiantes.24​ 25​ En la campaña electoral, Vilanova acompañó a su esposo en todos los actos oficiales a los que eran invitados, también asistió con él en eventos departamentales y también hicieron visitas a los hospitales, asilos y centros de beneficencia. María Vilanova describe que ella y su esposo, pasaban un tiempo muy limitado con sus hijos. Según María Vilanova algunas veces los debates se llevaban a cabo en la casa de la familia Árbenz, en los que Vilanova asesoraba a su esposo. Tras la holgada victoria del partido oficial, la oposición alegó que hubo considerables manipulaciones de los electores por parte del gobierno de Juan José Arévalo, que supuestamente habría puesto a disposición del candidato oficial considerables recursos del Estado, pero esto no pudo revertir el resultado.
Fotografía de María Eva Duarte de Perón, primera dama de Argentina, considerada una de las mujeres más influyentes de América en el siglo XX, con dedicatoria para la primera dama guatemalteca.
El 15 de marzo de 1951, Jacobo Árbenz asume el poder e inmediatamente María Cristina Vilanova y los líderes del Partido Guatemalteco del Trabajo —especialmente José Manuel Fortuny— fueron los consejeros más cercanos de Árbenz y constituían su gabinete privado.27​26​ Es más, desde el momento en que su esposo asumió la presidencia, María Vilanova promovió la organización social, cultural y política de jóvenes y mujeres porque sabía que constituían una fuerza importante para avanzar con la revolución.28​ También contribuyó a la fundación de Academias de arte, hospitales, guarderías para madres solteras, empleos para madres. Acompañó a su esposo en todas las actividades oficiales;29​ asimismo, viajó cinco veces a Argentina, como parte de una misión diplómatica, fue íntima amiga de su homóloga argentina, Eva Perón, ya que ambas se caracterizaban por el movimiento feminista.
María Vilanova, políglota, era la traductora oficial de Jacobo Árbenz, y la más confiable según Árbenz.30​ Ya en los últimos años del gobierno arbencista, María Vilanova creó fundaciones para niños, escuelas de arte, guarderías y empleo para madres solteras, y en algunas veces, ella las ayudaba económicamente.30​ Según muchos autores, se reunió con la líder chilena Virginia Bravo Letelier y Matilde Elena López, presidenta del partido Comunista de El Salvador. Según Vilanova, en la película suiza Los diablos no sueñan, la plana mayor de Árbenz hablaba que ella era «aberrada, porque anda mucho con el marido», también afirma que no les gustaba que ella estuviera presente siempre en todas las sesiones del gobierno, actos protocolarios y viajes a otros países. También era la confidente de Árbenz, debido a eso se rumoraba que Vilanova era una especie de Primer Ministro de facto.31​ Carlos Pellecer, afirma que Vilanova fue nociva para Árbenz.
«Tiempos Recios»
La guillotina cayó sobre Centroamérica: genocidios, desempleo, injusticias desde el poder; que ahora repercute en desempleo y caravanas de sobrevivencia. Además, Vargas Llosa demuestra que las «fake news», no son nada nuevas.
se adentra a la histórica tragedia de Guatemala de 1954, que culminó años después en genocidios que golpearon a toda Centroamérica.
El consejo que doy a escritores noveles, incluso jóvenes de educación media, que aspiran a escribir poesía o narrativa, es el de leer, leer y leer. Y les recuerdo la frase del poeta-bibliotecario por antonomasia, el argentino Jorge Luis Borges: «Me siento orgulloso de los libros leídos, más que de mis libros publicados». Y, por supuesto, se debe escribir y escribir. No pensar lo que se desea narrar, sino ponerse frente del teclado y escribir lo que se piensa.
Pongo de ejemplo al Premio Nobel Mario Vargas Llosa (Perú, 1936), quien ganó sus primeros premios internacionales a temprana edad. Y ahora, en el 2019, publica su novela histórica sobre Guatemala de 1951-1954 y las repercusiones actuales en los últimos treinta años de ignominias vividas por Centroamérica. Su Título es «Tiempos Recios» (Editorial Alfaguara, Madrid, 2019).
Siempre me llamó la atención la narrativa de este Nobel de Literatura. En su vida ciudadana es un exponente de ideas ultra liberales, y calificado como gran individualista. Sin embargo sus obras las orienta hacia temáticas sociales realistas relacionadas con el historial trágico arrastrado al siglo XXI hacia nuestros países.
Otro ejemplo de sus novelas es «La Fiesta del Chivo», narrativa sobre la satrapía de Leonidas Trujillo, a quien sus arrogancias enfermizas lo llevaron a bautizar la capital de República Dominicana como Ciudad Trujillo. Además, el sátrapa tuvo mucho que ver con lo ocurrido en Guatemala (1954), y las repercusiones actuales centradas en las desigualdades conocidas.
Hay una novela anterior del Nobel peruano: «El Sueño del Celta». Trata del negocio y cacería europea en África para establecer el mercado de esclavos que necesitaban los países en búsqueda de su desarrollo. Y su misma novela autobiográfica «La Ciudad y los Perros» (premiada en España, a sus 25 años), una obra social sobre los adolescentes «light» de la burguesía peruana.
«Tiempos Recios» se refiere a la invasión que sufrió Guatemala cuando Juan Jacobo Árbenz (gobernante de1951-54) dio continuidad a las reformas sociales iniciadas por el mejor presidente que ha tenido ese país, el educador y filósofo Juan José Arévalo (gobernó en 1945 a 1951). El gran pecado de ambos fue proponerse una reforma agraria que afectaría el dominio feudal ejercido por la empresa United Fruit Company, que con el banano y su infraestructura había convertido un gran imperio en Centroamérica. Por eso, en esa época, éramos considerados como «repúblicas bananeras». Espero no lo sigamos siendo con similares modalidades.
Además de Arévalo y Árbenz, el Nobel peruano agrega dos personajes inteligentes y perversos, Samuel Zemurray, de Nueva Orleans, conocido como «Hombre Banano», gerente de dicha empresa; y el publicista de Nueva York Edward Barneys, artífice de las manipulaciones políticas que dieron origen a la invasión a Guatemala, con mercenarios entrenados en Honduras y Nicaragua, dirigidos por el coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas. A Barneys se le ocurrió que para deshacerse de las ideas modernizantes de Arévalo y Árbenz había que inventarse el peligro comunista que estos representaban, pese a ser declarados anticomunistas; pero sus gobiernos parecían poner el peligro los privilegios que le concedían los dictadores a la United. Según la prensa norteamericana de la época el gobierno de Árbenz ponía en peligro a los EUA, por su cercanía a Washington, y a dos horas del Canal de Panamá, en esa época propiedad norteamericana.
La paradoja fue que Árbenz y Arévalo tenían como modelo para Guatemala la democracia de los EUA, sacarla del feudalismo y de las injusticias que sufrían los trabajadores del banano carentes de los mínimos derechos. Aunque Costa Rica se salvó de esas dictaduras impuestas por la United, y sus socios de la geopolítica; su dominio se basaba en sostener un modelo feudal en las bananeras. Se describe en la novela testimonial «Mamita Yunai» (1940), del costarricense Carlos Luis Fallas.
«Tiempos Recios» se adentra a la histórica tragedia de Guatemala de 1954, que culminó años después en genocidios que golpearon a toda Centroamérica, y cuyos efectos aun se viven manifestadas en emigraciones dramáticas, desempleo e inequidades sin límites. Un dato interesante que agrega Vargas Llosa es el papel que juega la salvadoreña, esposa del derrotado Jacobo Árbenz, a quien tenía como asesora, «una talentosa, adinerada y culta salvadoreña, educada en los EUA: María Cristina Vilanova, de las famosas catorce familias», dice. Ella también aspiraba, como Arévalo y su marido, al modelo de democracia similar a los Estados Unidos.
Samuel Zemurray, como alto ejecutivo de la United Fruit Company, conocido como «Banano man», contrata al hábil y manipulador publicista (Edward Bernays), para evitar que en Guatemala se realizara una reforma agraria que perjudicaría al imperio bananero.
Para lograr esos fines Bernays propuso, una campaña mediática que evitaría la pérdida de los privilegios de «Mamita Yunai», incluyendo su poder para imponer las dictaduras militares en Centroamérica. De modo que promovió en la gran prensa norteamericana que Guatemala había caído «en las garras de las grandes potencias comunistas». Vargas Llosa hace un registro magistral de los personajes reales Barneys y Zemurray, quienes triunfaron en sus intenciones perversas. Para ello organizaron la invasión a Guatemala desde Honduras y Nicaragua, con sus gobiernos títeres, Lozano y Somoza, protagonistas necesarios para apoyar la invasión.
Barneys, empleado de Zemurray, manipuló a los periódicos progresistas y prestigiosos de los EUA. «Si lo hacemos en periódicos conservadores no van a creernos», decía. Y creó la histeria mediática en las alturas políticas de los Estados Unidos.
El otro personaje ya mencionado es el militar guatemalteco reclutado para dirigir la invasión. Este, a la vez fue asesinado por sus promotores por desviarse de las políticas corruptas. La gloria del coronel Carlos Castillo Armas solo duró cuatro años. Impuesto como presidente fue asesinado en la casa presidencial de Guatemala por los organizadores de la patraña.
La guillotina cayó sobre Centroamérica: genocidios, desempleo, injusticias desde el poder; que ahora repercute en desempleo y caravanas de sobrevivencia. Además, Vargas Llosa demuestra que las «fake news», no son nada nuevas.
 










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